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Leer Libro Un Don un tanto molesto del autor M. N. Mera

De una manera u otra, y aunque no lo hubiera buscado, siempre había estado unida a la muerte, por ello desde hacía un par de años trabajaba en una funeraria. Mis compañeros de trabajo enseguida se habían dado cuenta de los beneficios de tener una licenciada en bellas artes trabajando con ellos; yo era capaz de llevar a cabo cosas que ellos no sabían hacer y que ni siquiera les gustaban, por eso siempre me reservaban los casos más complejos. Como el que tenía en ese momento entre manos. Aunque… ¿Qué estaba sucediendo? ¿Sería otra sorpresa de mi don? Celia Aquel verano tenía un objetivo; dejar de ser virgen. Aunque en un principio había pensado que lo mejor sería hacerlo con un desconocido, alguien que no pudiera pedirme explicaciones, desde aquella noche me di cuenta de que estaba equivocada, quería hacerlo con él, con alguien a quien quería, con alguien en quien confiaba, con mi mejor amigo, con mi primo del alma. Fabio Era una locura, no podía seguir pensando en ella de ese modo, pero lo cierto era que no podía evitarlo; lo hacía a todas horas y me estaba volviendo loco. No podía permitirme fijarme en ella, mi padre me mataría y me culparía a mí, porque yo era el más mayor, el que se suponía que tenía que ser responsable y cuidarla para que nadie le hiciera daño. Pero… ¿y si era yo quien le hacía daño? Marcos Echaba de menos el ruido; el violonchelo de Celia, las risas de Fabio y Celia que siempre se estaban riendo, la voz profunda de Alberto, Alejandro haciéndole preguntas a Leo constantemente sobre todas las cosas del universo, y por supuesto la presencia reconfortante de Clara. Pero entonces algo llamó mi atención desde la ventana del estudio. ¡No podía ser cierto lo que estaba viendo! Había alguien flotando en la piscina de la casa de al lado. Sin saberlo, aquella situación inesperada me llevó a plantearme algo que me había pedido mi hija Celia hacía unos días… Carmen (Zarauz, 1932) Desde hacía poco tiempo mi don se había convertido en algo molesto. No estaba segura de hasta qué punto era una ventaja poder escuchar los pensamientos de los demás, sobre todo si solo los escuchaba cuando hablaban de mí. Aunque lo más curioso de todo era que tan solo había una persona a la que no podía oírle los pensamientos.

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